24 feb. 2012

Inolvidables y envidiables momentos

Después de un rato de estar tirada en el pasto mirando las nubes entre las ramas de los arboles, con un pequeño rayo de sol que me golpeaba los ojos, decidí levantarme, limpiándome los resto de pasto que quedaron en mi espalda y en mi pelo desordenado, mientras que el viento roza mi rostro y hace que mi polera se mueva con la brisa, en ese momento trato de enfocar una pareja de ancianos que cruzan la plaza por el sector de arena, ambos con una sonrisa en la cara, aun a esas alturas no se les acababa el tema de conversación, caminaban a paso lento, la anciana iba tomada del brazo de su viejo,bien arreglada...de tes clara, labios burdeos y un pelo blanco voluminoso que no llegaba mas abajo de la oreja, con la típica joyería que suele llevar este tipo de abuelitas, con un traje crema de chaqueta y falda... el caballero la miraba atento a cada palabra que ella daba y le sonreía con gracia, él iba apoyado en un bastón de madera con decorados en el mango, unos mocasines y una camisa holgada. Los escuche llamarse con los apodos de Monito y Monita y pensé "esa es una vejes decente, que cualquiera querría tener", yo los miraba con expresión grata, con mi cabeza ladeada apoyada en el hombro derecho mientras se me escapaba una pequeña sonrisa...Yo iba frecuentemente al mismo lugar y siempre veía a esta pareja paseando, sentados a la sombra de un árbol, siempre bien arreglados, a veces riendo y jugueteando, otras tomados de la mano y regaloneando,o simplemente ambos leyendo un libro con sus lentes de lectura pero sin perder el contacto; era adorable e envidiable verlos.
Un día llegué, me instalé con un block de notas y de dibujo, decidida a retratar a tan particular pareja, pero no llegaron, después de tanto tiempo viniendo todos los sábados, domingos, miércoles y jueves sin falta, y simplemente no se presentaron, pero no le dí mayor importancia, cuando ya paso una semana me preocupé, veía el asiento en el frecuentaban vacío...Hasta que un día, después de un mes,mientras estaba apoyada en un árbol escribiendo algunos garabatos, a lo lejos veo un anciano con los años ya pesándole en el cuerpo, con expresión triste, caminaba agachado con ayuda de un bastón y un poco descuidado, lo miré un momento pero seguí ocupada en mis garabatos, cuando miro de nuevo el ya esta cerca, me fijo que se sienta en el mismo lugar en donde lo hacía mi pareja favorita...pero algo me llama la atención, me algo me parecía familiar, era su bastón .. era exactamente el mismo bastón que usaba ese caballero distinguido que siempre veía pasear con su "Monita",pero que le paso?, Como es que puede estar tan descuidado?... lo observé detenidamente de pies a cabeza, impactada, con una expresión en mi rostro que no podía quitar, sintiendo que algo faltaba... Se veía tan triste, con la cabeza agachada apoyada en una mano..mientras que con la otra sujetaba un collar de plata de mujer; y entonces comprendí... Faltaba su Monita. Recuerdo que el corazón se me recogió de tal manera, que no podía seguir mirando...Esa pareja se había convertido en un ejemplo de lo que yo quería para mi vejez, ya me había acostumbrado a verlos recorrer el lugar tan llenos de alegría, y me dolía saber que ya no los vería mas... Quise acercarme para compartir el dolor, pero no pude, la plaza estaba desierta... habitada solo por él y yo, y comenzó a llorar, yo no pude soportarlo y decidí irme para dejar que sus recuerdos fluyan libres. Seguí asistiendo a esa plaza... y cada vez que iba me topaba con ese hombre triste, viejo, que apenas podía caminar pero ahora acompañado de su enfermera para ayudarlo y siempre con el collar de plata que tanto le recordaba a su mujer...a medida que pasaba el tiempo lo veía con menos frecuencia, y un día no volvió mas, lo comencé a extrañar ya luego de 3 meses me fui a pasear a ese banco en donde solía presenciar esas escenas que tanto admiraba y me encontré con una sorpresa, era el collar... el collar que el anciano nunca soltaba, el collar que tantos recuerdos traía, lo tomé de inmediato y comencé a mirar para todos lados buscando una pista que me indicara en donde se encontraba ese caballero, cuando a lo lejos veo a un hombre cada vez mas viejo acompañado de su enfermera, estaban bastante lejos, ya habían cruzado la calle, corrí para tratar de alcanzarlos pero el semáforo de cruce no ponía mucho de su parte, hasta que por fin logré cruzar y después de correr un poco los alcancé; y pude devolverle el collar a ese hombre de rostro arrugado, de mirada tierna y cansada que si no fuera por su enfermera no podría si quiera salir de su casa. Ambos me miraron extrañados, pero al ver el collar en mis manos, fue tal la sorpresa que de forma inmediata me mostraron una sonrisa con la cual se le iluminó el rostro al caballero. Les explique la situación diciendo que sabía lo importante que era ese collar para el y de forma instantánea me agradecieron el gesto invitándome a pasear con ellos, yo encantada caminé a su ritmo por casi 3 manzanas con una conversación activa e interesante. Cuando terminamos el recorrido yo ya le había comentado cuanto admiraba la relación que llevaba con su esposa, cuantas veces los había visto riendo y cuanto me gustaría llegar a ser como ellos en el futuro, él con una sonrisa enorme en el rostro miraba el suelo...como recordando cada momento, cuando veo que se le escapaban las lagrimas mientras me decía: "Eramos Felices cierto?, Se nos veía felices verdad?", yo solo lo miraba y se me apretaba el corazón, pero en ningún momento borró esa sonrisa de su rostro mientras recordaba esos tan bellos momentos, hasta incluso una que otra risa se le escapaba. Yo agradezco de haber conocido a Don Carlos, de que me haya contado su historia, de que me haya compartido su vida y definitivamente jamás lo voy a olvidar, por que después de ese día jamás lo volvía ver.

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